jueves, 16 de noviembre de 2023

Podcast de fotografía F 2.2 – Fotografiando la Vía Dinarica

¡¡Ni un año sin su podcast de f 2.2!! En el de esta temporada (jaja), Mauro y yo nos sentamos a hablar de lo que fue la Vía Dinarica y sobre todo como hice no solo para sobrevivir sino también para fotografiarla. Equipo, dificultades y soluciones para una ruta en la que hay que mirar con recelo a cada gramo que se añade a la mochila. Pero sobre todo muchas risas recordando algunos de los momentos de mi viaje de este verano.

Escucha»La vía Dinárica. Cómo hacerla, sobrevivir y hacer buenas fotos, por Ignacio Izquierdo» en Spreaker.

Recuerda que si prefieres: puedes descargarlo en el móvil para escucharlo cuando estes en el coche, corriendo, cocinando, paseando o cuando te de la gana.

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miércoles, 15 de noviembre de 2023

Resumen del viaje fotográfico por Montenegro

Cuando Sergio y yo, tras finalizar el año pasado nuestro viaje por Bosnia y Herzegovina empezamos a preparar este segundo viaje fotográfico y decidimos hacerlo en Montenegro yo aún no sabía que iba a estar justo unas semanas antes recorriéndolo a pie. Pero así ha sido y no he podido evitar un cosquilleo de emoción al volver a pisar tan pronto sus montañas, caminar por sus bosques y sus valles.

Bahía de Kotor

Parque Nacional de Lovćen

Cañón del Río Morača

Tanto por descubrir. Tantísimo. Vaya para todos aquellos que tras un viaje tachan a un país de la lista como si fuera suficiente y ya no hubiera secretos que descubrir. Niego la mayor, porque a pesar del regreso tan solo he vuelto a encontrarme cara a cara con un único lugar y todo lo demás ha sido nuevo. Ha sido fascinante seguir descubriendo más aristas y más pliegues, con el extra de haber sido recibidos entre ocres.

Parque Nacional de Biogradska Gora

Alrededores de Kolašin

Cetinje

Subida a la fortaleza de Kotor

Parque Nacional de Lovćen

Siempre tuvimos claro que si hacíamos un viaje fotográfico a un destino con una naturaleza tan potente como Montenegro tendría mucho sentido arriesgarnos a hacerlo en Otoño. Los contras era que contaríamos con menos horas de luz y con más probabilidades de mal tiempo. Ambas se cumplieron, aunque eso no nos impidió volvernos con un montón de fotos en la tarjeta y la memoria. En cambio, a favor disponíamos de unos días de belleza efímera e irrepetible en la estación más fotogénica del año. Y eso en la sana caza de fotografías se convertían en trofeos casi instantáneos.

Kotor

Parque Nacional de Lovćen

Parque Nacional de Lovćen al anochecer

Parque Nacional de Lovćen

Kotor

Bahía de Kotor al anochecer desde su fortaleza

Comenzamos nuestro viaje en la espectacular bahía de Kotor, que no es sino un cañón sumergido (no, no es un fiordo pues estos tienen origen glaciar), uno de esos lugares en que la naturaleza es tan abrumadora que es impasible ser impermeable a la emoción. Navegamos entre sus gigantes paredes bordeando pueblos, visitando islas y subiendo sus más de 1300 escalones hasta lo alto de su fortaleza para maravillarnos con unas vistas sublimes al atardecer y anochecer.

Bahía de Kotor

Parque Nacional de Lovćen

Panorámica del parque nacional de Lovćen

Muy cerca de Kotor se encuentra este parque Nacional, que no es excesivamente grande y que sin embargo ya nos dió el primer contacto con el Otoño. Caminamos haciendo el cómodo recorrido circular del Wolf Trail (que nos llevo más de la cuenta porque, bueno porque somos fotógrafos) y acabamos el día subiendo al mausoleo de Petar II Petrovic-Njegos (una vez más terminando la subida con otros 400 escalones) para disfrutar de unas de las vistas más espectaculares del viaje. 360 grados y un mar de nubes a nuestros pies.

Wolf Trail en el Parque Nacional de Lovćen

Mirador en el Mausoleo de Petar II Petrović-Njegoš

Parque Nacional del Lago Skadar

Meandro de Rijeka

El mayor lago de los Balcanes solo podía dejarnos con la boca abierta. No en vano el meandro de Rijeka que lo alimenta es unas de las imágenes más icónicas del país. Compartiendo espacio con Albania, este “mar de interior” es hogar de decenas de especies de aves y peces. Perfecto para pasar unas horas recorriendo las carreteras pintorescas que lo bordean y para vivirlo de cerca navegándolo en barca.

A la búsqueda de aves en Skadar

Lago Skadar

Las montañas de Komovi

Montañas de Komovi

En esta zona, más al este del país, nos encontramos el Otoño en su punto óptimo. Atravesamos valles y valles entre un manto de hojas infinitas. Al igual que me pasó con la Vía Dinarica, sus picos principales, tímidos, no salieron de entre las nubes, pero esto no impidió que nos perdiéramos por carreteras perdidas (y poco preparadas para el tránsito, todo sea dicho) para acabar completamente rendidos a sus encantos.

Montañas de Komovi

Montañas de Komovi

Parque Nacional de Biogradska Gora y Valle de Lipovo

Lago Biograd

Este parque es tan inmenso que ni siquiera solapamos un metro de mi recorrido durante mi travesía, pero nos valió para encontrarnos con su precioso lago principal (el Biograd), que aunque nos recibió con lluvia apenas unos minutos después todo se calmo regalándonos unos reflejos preciosos. Nuestra idea era hacer una ruta hasta alguna cumbre, pero el mal tiempo y la poca idoneidad del terreno en esas condiciones nos hizo cambiar el plan y nos fuimos a conocer el Valle de Lipovo, todo un acierto.

Valle de Lipovo

Valle de Lipovo

Cañón de Morača.

Vistas desde el Monasterio de Morača

Otra maravilla tallada por la fina mano del río Morača. Ríos, puentes (alguno colgante no apto para gente con vértigo), monasterios y una de las carreteras más pintorescas de todo el país. Un imprescindible.

Río Morača

Y aún queda más

Me quedan otros cuantos rincones que descubrimos, pero eso lo iré dejando y desgranando para más adelante. De momento solo puedo sentirme enormemente feliz por haber podido volver a Montenegro y una vez más agradecer a quienes han confiado en Sergio y en mí para esta experiencia tan divertida que son los viajes fotográficos.

Parque Nacional de Lovćen

Montañas de Komovi

Valle de Lipovo

Cañón de Morača

Bahía de Kotor

El año que viene habrá más, así que estad atentos si queréis venir a viajar y a fotografiar con nosotros. 🙂

Panorámica de Kotor al anochecer

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martes, 31 de octubre de 2023

Madagascar

Mujer decorada con masonjoany, en el descenso del río Tsiribihina

Mantengo el sabor de Madagascar en la garganta. Su tacto aún me retumba en la piel. Su arena roja ha invadido mis pliegues. Escucho el grito de sus bosques, sus selvas, el silencio de sus ríos. Todo se ha vuelto conmigo.

Sigo impregnado de esa isla imposible.

Qué delicia.

Atardecer sobre la avenida de los Baobabs

Madagascar es, en el sentido más literal posible, inabarcable. Y no solo porque la mala calidad de sus carreteras haga de cualquier viaje una tarea tediosa, más lenta de lo que las distancias podrían hacer sospechar, sino porque sus más de 1600 km de longitud y sus 600 de ancho la convierten en la cuarta isla más grande del mundo y eso son más de medio millón de kilómetros cuadrados llenos de fuertes contrastes y de un piélago de variados rincones.

El río Tsiribihina

Un lémur del bambú en el Parque de Andasibe

La isla ya decidió ir por libre hace 165 millones de años cuando emprendió su vida fuera de la masa continental africana. Terminó de emanciparse hace 88 millones de años, separándose de la India y definitivamente del resto del mundo. Así, en soledad y sin referentes a los que hacer caso, Madagascar creó su propio universo, donde entre el 80 y el 90% de todas sus especies de flora y fauna son endémicas y en cuyas densas profundidades e interiores se siguen descubriendo nuevas cada año.

La desembocadura del Río Morondaba sobre el Estrecho de Mozambique

Una hembra de Sifaca de Verreaux y su cría en el bosque de Kirindy

El cañón del Río Manambolo

Quizás sus principales embajadores sean los lémures en el mundo animal y los baobabs en el mundo vegetal, pero también se pueden encontrar infinidad de camaleones (entre ellos los más grandes y los más pequeños del mundo), depredadores como el fosa, insectos como el escarabajo jirafa y anfibios como la rana tomate además del geco de cola satánico, la araña de corteza de Darwin (que crea la seda más tenaz del mundo, 10 veces más que el kevlar), mariposas (más de 3000 especies únicas), reptiles, polillas, peces, mangostas, roedores…

Lémur pardo de frente roja

Camelón junto al río Tsiribihina

Arrozales junto a Ansinabe

Demasiado para un único viaje donde además se mezcla el complejo componente humano, representado en esa mezcolanza tan abrumadora que son los malgaches (hasta el gentilicio de la isla es extraño), divididos en decenas de etnias: Los Merina (el pueblo elevado), los Betsimisarka (la inseparable multitud), los Betsileo (la multitud invencible), los Tsimihety (los que no se cortan los cabellos), los Sakalava (la gente del Gran valle), los Antankarana (la gente del Tsingy)… y un largo etcétera. Sus rasgos varían entre lo asiático y lo africano, transformando las proporciones de la mezcla según se recorre el país.

Atardecer en Belo Sur Tsiribihina

Entre pescadores en la larga playa de Betina

Navegándo por el río Tsiribihina

Varían tanto como su cultura, plagada de tabúes (fady) que si bien los que hay que pueden aplicarse a todo el país, los hay específicos para cada región, zona, pueblo o incluso familia. Según donde estés puede ser fady señalar una tumba (o directamente señalar a menos que lo hagas con el dedo doblado), comer anguilas si estás embarazada, trabajar un martes, comer carne de cabra, criar gemelos (hay que abandonarlos inmediatamente tras su nacimiento en un bosque), comer patatas, dar patadas a un muro, silbar tras caer la noche…

Amanece en Bekopaka, junto al Parque Nacional de los Tsingys de Bemaraha

Tsingys de Beramaha

Río Tsiribihina

La lista de estas supersticiones es infinita aunque hay que reconocer que algunas han ayudado durante mucho tiempo a mantener mucha de la fauna endémica intacta porque hay muchos fadys que lo prohibían pensando que molestar a un sifaca puede ser traer mala suerte o que hay que dejar a los baobabs tranquilos porque son el hogar de los ancestros del bosque. Otras han corrido peor y opuesta suerte como la tortuga radiada que al ser considerada portadora de buena suerte y protectora ante ladrones ha acabado convertida en mascota en muchos hogares o el Aye-aye, que con su aspecto ha atraído a muchos cazadores que pensaban que estaban librando a su pueblo de un demonio. Intentar entender Madagascar en un único viaje puede llevarte a acabar con un fuerte dolor de cabeza. Hay que ir asimilándolo con calma, con humildad y con la mente abierta a un mundo que se resiste a ser gobernado por otras cosas que no sean sus creencias.

Chica Malgache en uno de los pueblos del descenso del Río Tsiribihina

Atardecer en Belo Sur Tsiribihina

Quizás por todo eso, recorrer la isla durante tan solo dos semanas visitando el centro y el Oeste, a pesar de haber sido una experiencia brutal, me ha dejado con ganas de más, de mucho más. Ganas de seguir descubriendo esos otros mundos que aguardan en el Norte, el Sur, en la profundidad de sus aguas.

Pequeños Tsingys de Bemaraha

Una hembra de Sifaca de Diadema y su cría

Tormenta eléctrica sobre Antananarivo

No puedo sin embargo quejarme, el recorrido que hice junto a mi querido Isaac y de la mano de IndigoBe bajo el nombre de “Remote River Expedition” nos ha dejado un montón de momentos memorables. Varios días descendiendo el río Tsiribihina en «chaland», durmiendo en tiendas de campaña, visitando pueblos y bañándome bajo cascadas. Recorrer las ajetreadas calles y mercados de Belo Sur Tsiribihina, perderme por sus barrios mientras el sol del atardecer lo bañaba todo de un cálido dorado. Navegar en barca por el cañón del Río Manambolo y cruzar los laberintos de piedra afilados de esa rareza geológica que son los Tsingys. Cruzar miradas con los lémures de día y de noche en el bosque de Kirindy. Cumplir un sueño y pasear al fin entre los gigantes en la Avenida de los Baobabs al atardecer. Visitar la desmbocadura del Río Morondava y Betania para admirar la belleza del Estrecho de Mozambique entre barcas de pescadores. Escuchar el abrumador canto de los Indri-Indri en las selvas de Andasibe y ver a los sifacas de diadema saltar por encima de nuestras cabezas. Despedirme entre las calles de la caótica Antananaribo bajo una tormenta eléctrica.

Qué salvajada todo.

Qué pasada de viaje.

Sifaca de Verreaux en el bosque de Kirindy

El Ingri-Ingri, el más grande de los lémures en la selva de Andasibe

Camaleón de Parson en el parque de Andasibe

África es una de mis grandes cuentas pendientes y me hace tremendamente feliz ir iluminando poco a poco esos huequitos oscuros del mapa del mundo. Pero no esperaba esa inagotable paleta de colores y emociones. Volveré a Madagascar, por supuesto. A comer ingentes cantidades de arroz, a encontrarme con caras decoradas con masonjoany y sonrisas de dientes de oro, a continuar con la divertidísima caza fotográfica de lémures y a dejarme el cuello admirándolos entre la frondosidad de ramas. Volveré para seguir maravillándome con sus infinitas sorpresas.

Misoatra, Madagascar.

Avenida de los Baobabs

Después de haber estado viajando con IndigoBe por Madagascar no puedo por menos que recomendarlos. Llevan 17 años en la isla haciendo todo tipo de viajes. Su web está actualmente en remodelación, pero podéis escribir un email a Silvia para que os de información de todos los viajes que tienen disponibles, o podéis consultarles por Instagram. Nuestro viaje ha sido «Remote River Expedition» que abarca un total de dos semanas y aunque lo hemos disfrutado un montón desde mi humilde punto de vista creo que dado todo lo que tiene que ofrecer el país si tenéis el tiempo suficiente os recomiendo alguno más largo como la expedición Baobab de 24 días.

Mas info de IndigoBe: Web | Instagram | email

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