viernes, 26 de febrero de 2021

Artículo en Photolari sobre el proceso de selección y edición de las fotos de Filomena.

Artículo en Photolari sobre el proceso de selección y edición de las fotos de Filomena. es un post de Ignacio en Crónicas de una cámara.

Siempre es un placer poder colaborar con los amigos de Photolari, la web de fotografía de referencia en castellano. Así que cuando me les conté el proyecto del libro sobre la nevada en Madrid y se enteraron de que había hecho más de 4000 fotos me preguntaron si me gustaría escribir sobre como fue el proceso de selección para reducirlas a alrededor de un centenar.

Os dejo, por lo tanto, el artículo final, en el que no solo hablo de la nevada, sino de mi flujo de trabajo en Lightroom para seleccionar, filtrar y sincronizar ajuste para agilizar el flujo de trabajo y conseguirlo sin morir en el intento. Creo que tiene un nivel bastante asequible para todos los que estéis empezando con Lightroom, asi que creo que os podría resultar interesante. También estoy abierto a cualquier comentario sobre el programa o sobre como lo hacéis vosotros, no dudéis en darme vuestra opinión o ensañarme como lo hacéis vosotros.

¡Espero que os guste!

En Photolari: Hacer más de 4000 fotos y tener que elegir 100: así es el proceso de selección y edición para un libro.

Por cierto, os recuerdo que aún estáis a tiempo para ser mecenas del libro: «Filomena: Crónica fotográfica de la nevada que congeló Madrid». No lo dejéis pasar!

Artículo en Photolari sobre el proceso de selección y edición de las fotos de Filomena. es un post de Ignacio en Crónicas de una cámara.



miércoles, 17 de febrero de 2021

Podcast de fotografía F 2.2 – Fotografiando la Gran Nevada en Madrid y presentación del libro «Filomena»

Podcast de fotografía F 2.2 – Fotografiando la Gran Nevada en Madrid y presentación del libro «Filomena» es un post de Ignacio en Crónicas de una cámara.

Con el pasado 2020 tan carente de viajes, Mauro y yo apenas nos habíamos sentado a charlar estos meses en F2.2, pero si uno no va a buscar las oportunidades fotográficas de vez en cuando sucede que son las propias oportunidades fotográficas las que le llegan a uno. Algo así me sucedió con la Gran Nevada en Madrid en Enero, que ahora estamos en plena campaña para convertir en libro.

Así que Mauro y yo, hemos estado charlando de como fue la experiencia, como lo vivimos y como fue hacer fotos en esas condiciones y también del proceso que ha llevado a plantearnos un libro y lanzarlo en una campaña de crowdfunding. Un proceso que está siendo tremendamente emocionante y que ya podemos decir que será realidad: Tendremos el libro de la Nevada en Madrid en nuestras manos. Muy pronto.

Os animo, si aun no lo habéis hecho, a que os paséis por la página de campaña y os suméis al proyecto haciéndoos mecenas.

¡Y sin más dilación, aquí os dejo el podcast! ¡Espero que os guste!

Escucha»Fotografiando la Gran Nevada en Madrid y presentación del libro «Filomena»» en Spreaker.

Recuerda que si prefieres: puedes descargarlo en el móvil para escucharlo cuando estes en el coche, corriendo, cocinando, paseando o cuando te de la gana.

iTunes | Ivoox | Spreaker | Overcast

Podcast de fotografía F 2.2 – Fotografiando la Gran Nevada en Madrid y presentación del libro «Filomena» es un post de Ignacio en Crónicas de una cámara.



viernes, 12 de febrero de 2021

Filomena se convierte en libro

Filomena se convierte en libro es un post de Ignacio en Crónicas de una cámara.

Filomena. Una nevada irrepetible. Unas fotos para la historia. Y ahora: un libro.

No puedo evitar sentir un hormigueo, un tremendo vértigo y mariposas en el estómago al anunciaros este proyecto que arranca hoy. Convertir las fotos que hice del paso del temporal Filomena por Madrid en un libro. En formato físico, en papel. Que nos valga para recordar siempre esos días de nevada tan irreales, tan difíciles de catalogar, tan mágicos. Esos días es que la ciudad cambió por completo y en la que salimos a la calle con la inocencia de descubrir un mundo nuevo. El madrid que conocíamos había cambiado en una noche.

Y es para mí un placer haceros partícipes de este proyecto.

¿Como vamos a hacer que este libro sea realidad?

Acabamos de arrancar de la mano de la editorial libros.com, una campaña de crowdfunding para lograrlo. ¿Qué es el crowdfunding? Es un sistema de financiación colectivo. La manera más sencilla de definirlo sería como una especie de preventa. Necesitamos alcanzar un mínimo para poder cubrir los costes tanto de la producción del libro (diseño, maquetación, impresión) como su distribución. Para llegar a este objetivo cada persona que esté interesada en el libro puede comprarlo antes y se convierte en un mecenas del proyecto. Si conseguimos que suficientes mecenas se sumen al proyecto, llegaremos al objetivo mínimo y el libro será una realidad.

Como mecenas, además tienes diferentes maneras de apoyar el proyecto. Puedes limitarte al libro, pero también tenemos más opciones, como libro y láminas (Y mega láminas), o libro y postales, packs de varios libros, etc… habrá opciones para elegir para todos los gustos.

Y además, por el hecho de ser mecenas, tu nombre aparecerá en el libro. 🙂

¿Como va a ser el libro?

El libro va a tener las siguientes características:

Tamaño: 250x200mm en formato apaisado
Páginas estimadas: 130 páginas
Papel: Estucado mate de 150 gr
Impresión: A 4/4 tintas
Cubierta: Cartulina Invercote Creator de 400g, con plastificado mate e impresión a 4/4 tintas.

No me digáis que no pinta maravillosamente bonito. ¡Yo ya estoy tan emocionado que no puedo esperar!

¡Vale! ¡Quiero ser mecenas para tener este libro en mis manos! ¿Que tengo que hacer?

¡¡Como futuro mecenas tienes que pasar por la página de campaña que hemos preparado!!

FILOMENA: Crónica fotográfica de la nevada que congeló Madrid.

Y ahí tendrás toda la información necesaria. Es importante remarcar, tal y como os comentaba antes, que como mecenas tenéis un montón de maneras de colaborar. Os invito a que paséis por la página de campaña y que veáis todas las que tenéis disponibles y elijáis la que más os encaje. Es importante que sepais que estos contenidos extras, como las láminas, postales, cuadernillo digital (donde os explicaré todo el proceso fotográfico de unas cuantas fotos), solo estarán disponibles durante la campaña. Además, insisto, como mecenas, vuestro nombre aparecerá en unas páginas de cortesía del libro, para que siempre quede constancia de que este libro fue una realidad gracias a vosotros. NO me digáis que no es genial.

¿Cuanto tiempo va a a durar la campaña?

La campaña durará 30 días y en esos días tenemos que llegar a un objetivo mínimo de 8000 euros.

¿Cómo lo puedo pagar?

Tenemos varias opciones para esto, por tarjeta bancaria, por PayPal y por transferencia.

¿Qué pasa si no alcanzamos el objetivo?

Pues a parte de la profunda tristeza porque el proyecto no salga adelante, no pasará nada más. Vuestro dinero os será devuelto íntegramente.

¿Qué pasa si conseguimos llegar al objetivo?

Pues entonces me oiréis gritar de felicidad y pasaremos a la siguiente fase, la de producción del libro y en unas semanas tendréis un maravilloso libro llenos de fotos que son parte de la historia de Madrid en vuestras manos (y el resto de recompensas pertinentes que hayais pedido).

¿Qué pasa con los envíos? ¿Quien se encarga?

Los envíos a toda España están incluidos en el precio. Y si, por supuesto, también a Baleares y Canarias. El caso del envío al extrajero también es posible aunque los precios pueden oscilar entre los 15 euros para Europa y 25 para el resto del mundo. En este caso es probablemente una mejor opción si vais a pasar en algún momento por España que se os envíe a esa dirección.

¿Cuando recibiré el libro?

Una vez terminado el tiempo de campaña, si conseguimos el objetivo, ya podemos empezar con la siguiente fase de diseño, maquetación e impresión con sus correspondientes pruebas y correcciones hasta que estemos convencidos de que os vamos a poder entregar un productos que os enamore (porque estas fotos se lo merecen). Así que es complicado dar una fecha exacta, pero intentaremos que sea lo antes posible. De cualquier manera, como mecenas, os iremos informando puntualmente de todos los progresos.

¡Tengo más dudas!

En ese caso, no dudes en dejar un comentario aquí y haré lo posible por resolvértelo!

No me digáis que no estáis tan emocionados como lo estoy yo. Un libro de papel sobre un momento histórico, único e irrepetible. Yo no me lo perdería ¿Y tú? Animaos a ser parte de este proceso.

¡Hacedlo vuestro!

FILOMENA: Crónica fotográfica de la Nevada que congeló Madrid

Filomena se convierte en libro es un post de Ignacio en Crónicas de una cámara.



viernes, 29 de enero de 2021

Rutas por Guadarrama: Cercedilla – Puerto de la Fuenfría – Peña del Águila

Rutas por Guadarrama: Cercedilla – Puerto de la Fuenfría – Peña del Águila es un post de Ignacio en Crónicas de una cámara.

5 de Enero de 2021

De chaval iba bastante a a la Sierra de Guadarrama. Mis padres, montañeros emigrantes de la Sierra de Béjar, encontraron en esos picos los recuerdos de una vida que dejaron atrás y los recorrían con cierta nostalgia. Peñalara, Siete Picos o La Maliciosa no tenían los rostros conocidos del Calvitero, el Canchal o los Hermanitos pero seguían siendo montañas, picos, valles y riscos que les daban una constante a la que aferrarse en su nueva vida en Madrid.

Mi hermano y yo, por supuesto, subíamos con ellos, refunfuñando cada vez, presas del sueño y las legañas en esos madrugones que ya había que hacer para ganarle la plaza de parking al resto de madrileños que, con el fin de semana, buscaban cambiar hormigón y asfalto por naturaleza. Pequeñajos como éramos, las piernas se nos formaron caminando por estos cerros y los granitos de la Pedriza, monumentos impertérritos a nuestro estirón de cuerpo y vida, que coronábamos celebrándolo con un bocadillo de torreznos cuyo aroma, ya desde la sartén y la cocinilla que con tanto mimo cargaba mi padre, nos hacía la boca agua. Era otra época en la que la montaña no gozaba de la popularidad actual. No habíamos oído hablar aún del gore-tex y las botas que nos acompañaban, duras como piedras, había que impermeabilizarlas días antes, untándolas en casa con grasa de caballo, ante la previsión de nieve que de vez en cuando se amontonaba en las cimas de la Sierra.

Hay mucho más Guadarrama en mí de lo que soy capaz de identificar.

Los años hicieron que hubiera cada vez más complicaciones, mejores excusas y el tiempo fue quedando para otros menesteres, para otros encuentros y otros amigos. Pero la Sierra se mantuvo allí, indiferente ante el despecho y acogedora para quienes quisiera recorrerla. Hubo algunos escarceos, algunas escapadas pero, siendo honestos, solo la admiraba desde la distancia, decorado de fondo tras los tejados de Madrid.

Tarde años en volver a reencontrarme con ella como se merecía. Y no fue hasta el pasado otoño que volví a pisar sus cumbres. En ese año aciago subí hasta su punto más alto para rendir homenaje y desear buen viaje a quién se nos fue antes de tiempo. Entre las emociones cruzadas, me quedé sorprendido conmigo mismo por no haberla visitado en tanto años. Intenté remediarlo pero la decadencia de los últimos meses fue dejando las intenciones, de nuevo, en segundo plano. Ni siquiera interpreté las excusas. Hay algo terrible en la apatía a la que nos arrastra la situación actual. El pesimismo general que te apresa y paraliza. Uno no descubre que es prisionero de los hombres grises hasta que es demasiado tarde.

Yo lo hice semanas más tarde, cuando ante la propuesta de mi amigo Pablo de escaparnos unos días a pisar la nieve me mostré reticente, respondiendo con largas, con evasivas. Filomena aún no había llegado a nuestras vidas y tras unos días en que la montaña se había entretenido con tormentas y vientos huracanados, por fin el pronóstico nos prometía buen tiempo. Ni por esas. Pablo casi tuvo que arrastrarme para que abandonara mi ensimismamiento. Ahora lo veo. En estos últimos meses hemos estados tan ocupados en mantenernos con vida, que nos hemos olvidando de vivir.

Pablo y yo llegamos en tren hasta Cercedilla, abriéndonos paso en un amanecer que ya mostraba el manto blanco sobre la montaña. Sin ningún plan en mente, íbamos a caminar sin saber muy bien por donde. Dejarnos llevar. Quizás nos bastaba con salir un poco de la opresión de Madrid, respirar otro aire y oír la nieve crujir bajos los pies. Desde Cercedilla un tren cremallera permite subir a Navacerrada y Cotos pero por las inclemencias del tiempo en esas fechas no estaba en funcionamiento, asi que nuestro margen de maniobra se limitaba a donde pudiéramos acceder desde Cercedilla.

 

 

(Esta fue nuestra ruta final. Si quieres repetirla puedes descargarte los datos GPX a través de Wikiloc)

Comenzamos subiendo desde la propia estación, por las Dehesas, unas cuantas curvas de nivel por encima de una carretera de la que no queríamos saber nada y cuyo recorrido finalizaba dos kilómetros después en un parking que no llegamos ni a ver. Adentrándonos en los pinares, ya paseábamos felices sobre un suelo blanco a pesar de que las ramas de los árboles apenas mantenían una irrisoria capa de maquillaje nevado.

(El Pico más Occidental de Siete Picos, precioso bajo la capita de nieve)

Nuestra ruta subía amablemente, sin excesivos esfuerzos. Al otro lado del valle la vertiente occidental de Siete Picos lucía increíble, con la belleza prístina que solo una capa constante de nieve puede dar. Un corte milimétrico hacía de frontera entre las cimas espolvoreadas y el resto de los bosques, que las admiraban al igual que nosotros, con cierta envidia. Asumíamos que esas estampas quedaban reservadas para otras altitudes pero al aproximarnos al puerto de la Fuenfría atravesamos la línea divisoria. Y comenzó la magia.

A cada metro aumentaban los grosores de la nieve, a cada paso desaparecían los pies y el mar helado rozaba las rodillas. Rodeados. Sumergidos. Un encuentro sorprendente, inesperado, que nos pilló con la guardia baja y nos impidió dejar de sonreír en unas horas, fascinados como estábamos al encontrarnos con semejante nevada bajo un día que había ahorrado en nubes.

Había algo más de actividad humana en el puerto, incluso había quien se había atrevido a subir, por otras rutas algo más amables, en bicicleta. Desde allí, bajo esas constelaciones de pétalos congelados había quién se animaba a continuar monte arriba, hasta coronar, ya en Segovia, el Cerro Minguete o la Peña Bercial. Otros bajaban de vuelta a Cerdecilla por la calzada romana enterrada bajo el níveo manto y otros se metían en las sombras del camino Schmid que por la cara norte de Siete Picos les devolvería a Navacerrada.

Nosotros, carentes de plan, estuvimos pensando hacia donde seguir o por donde volver pero viendo lo poco equipados que íbamos, especialmente por la falta de crampones, descartamos cualquier opción que incluyera adentrarse en zonas de sombra, no fueran las nada bienvenidas placas de hielo a encontrarse con nosotros. Optamos por volver cresteando por las cimas occidentales, con el plan de llegar a la Peña del Águila antes de descender a la estación de Cercedilla.

(La Peña del Águila, vista desde el Puerto de la Fuenfría)

Nos permitimos, eso sí, desviarnos ligeramente hasta los miradores para apreciar más de cerca el extremo de Siete Picos y maravillarnos con ese lienzo cargado de luz. Retrocedimos de nuevo hasta la Fuenfría para finalmente tomar el camino que nos debía llevar hasta los 2008 metros de altitud de la peña del Águila.

(Siete Picos desde el Mirador)

A esas horas, teníamos algún que otro inconveniente asociado con las fechas invernales como la corta longitud de los días. Eran casi las tres de la tarde cuando abandonamos la Fuenfría y el GPS calculaba, a ojo de buen cubero, unas dos horas para alcanzar la cima. Teniendo en cuenta que a las seis y media de la tarde el sol cerraría la persiana, había unas cuantas posibilidades reales de que la noche nos pillara sin haber completado la bajada.

Como sin riesgo no hay victoria y parecía que la climatología nos iba a respetar, no lo pensamos demasiado. Contábamos con que habría un margen amplio de error en lo cálculos pues por un lado caminar por nieve ralentizaría la marcha y por otro había que considerar el factor “tardanza por fotógrafo”, es decir yo mismo, incapaz de reprimir los impulsos que me llevaban a retratar cada paso del camino.

“Que pesado” “Que exagerado”, aseverarán los lectores más críticos y nos les faltará razón, pero hasta donde alcanzaba mi memoria nunca había visto la Sierra de Guadarrama lucir tan bonita y la hipnosis que ejercía sobre mí era irresistible. Confié en que si llegábamos al momento de encontrarnos más allá del atardecer todavía caminando por la montaña la batería del móvil, el GPS y las pilas del frontal hicieran su trabajo y me despreocupé.

Mi única obligación en ese momento sería disfrutar de lo que tenía delante.

Con lo que no contábamos era con que la ruta siguiera sorprendiéndonos y volviéndose aún más bonita a cada paso. El camino se iba estrechando y los árboles, esos yetis gigantescos, con sus abrigos invernales casi nos abrazaban, demostrando la fortaleza de sus decenas de extremidades que como gigantes de circo, no se rompían ante el descomunal peso que soportaban encima. Era un paisaje sacado de otros mundos, de otras latitudes. De vez en cuando entre ese bosque petrificado por el frío se habría algún claro que nos permitía ver los montes segovianos a un lado y Siete Picos, la bola del Mundo y la Maliciosa al otro. Una visión majestuosa.

(Ascendiendo hacia la Peña del Águila)

El día estaba inmaculado, sin apenas una brisa, pero se notaba que la mano escultora del viento había azotado la zona en las jornadas anteriores, estirando la nieve y el hielo a lo largo de cualquier forma que hubiera osado interponerse en su camino. Para cuando llegamos a la cima de la Peña del Águila, los árboles, las rocas y todo lo que sobresalía un palmo del suelo tenía un filo de puro hielo creado sobre la nada, desafiando a la gravedad.

(Preciosa vista de Siete Picos, llegando a la Peña del Águila)


A pesar de que la vista desde lo alto de la Peña del Águila era espectacular, no se podía decir lo mismo de la propia cumbre, que coronaba en una superficie plana y abierta a la intemperie, sin demasiada épica. Pero el recorrido había sido pura diversión así que nos ahorramos las quejas. Solo nos quedaba seguir el cresteo hasta alcanzar el collado entre picos y bajar. Quedaba una hora para el ocaso.

(La Bola del Mundo desde la Peña del Águila)

(Peña del Águila)

Deberíamos habernos dado prisa, pero. Pero. No estábamos listos para lo que venía a continuación. Cuando ya nos habíamos dado el festín de paisajes, el empacho de nieve y formas y recuperadas algo las fuerzas, nos encontramos con la parte más bonita de la etapa. Si pensábamos que en los kilómetros anteriores habíamos pasado por un bosque nevado, la realidad del mundo de fantasía era ahora, acogidos en el interior del bosque, acompañada la taiga con la calidez anaranjada de poniente que llenaba los pocos recovecos que dejaban las ramas.

Caminamos por ese bosque de fábula donde era imposible adquirir velocidad en las pisadas, atrapados por lo que aparecía al atravesar cada diminuto claro, por encontrarnos con cada hueco, por cazar cada brillo. Pero no estaba hecho el reino de las hadas para los hombres y así como el día se despidió de nosotros, nosotros nos despedimos del cuento. Llegamos al collado y nos lanzamos a la bajada por una cara este en sombras sin la alegría de las ramas nevadas.

Aceleramos el paso y solo nos detuvimos una vez salidos del bosque, para admirar las cumbres de Guadarrama enrojecerse con los rayos del atardecer. Fue una vista imponente, un regalo envuelto con mimo, la manera que tenía la sierra de decirme que no me guardaba rencor y que tardase lo que tardase en volver ella estaría esperando pacientemente para obsequiarme días tan bellos como ese.

Más info: Si te has quedado con ganas de ver más, puedes pasarte por las stories que hice durante este día en mi cuenta de Instagram

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Rutas por Guadarrama: Cercedilla – Puerto de la Fuenfría – Peña del Águila es un post de Ignacio en Crónicas de una cámara.