miércoles, 19 de enero de 2022

Visitando la Real Fábrica de Tapices

Hay algo especial en el caminar por los talleres de la Real Fábrica de Tapices porque es, de alguna manera, un viaje en el tiempo hasta una realidad del siglo XVIII que se mantiene a día de hoy. Porque en esos pasillos históricos que habitan el centro de Madrid los maestros artesanos mueven las manos con enorme destreza por el urdimbre, creando y reparando tapices, alfombras y bordados de igual de manera totalmente tradicional tal y como se lleva haciendo durante 300 años.

Los maestros artesanos disponen de espejos para poder ver la parte trasera de su trabajo

Todo comenzó en 1713, cuando España perdió sus territorios en Flandes y con él el acceso a los telares y maestros artesanos que lo dominaban. Ante esta necesidad en 1721 Felipe V fundaba la Real Fábrica de Tapices consiguiendo traerse al maestro flamenco Jakob Vandergoten y a su familia, conocedores del oficio para hacerse cargo de la dirección.

Una de las piezas de la colección permanente del Museo de la Real Fábrica de Tapices

Su lugar original no está donde se puede encontrar hoy, en el barrio de Pacífico junto a Atocha en un precioso edificio neomudejar de 1889 rodeado de árboles, sino en la extinta puerta de Santa Bárbara que tuvo que ser demolida en pos de unas obras de ensanche de las calles de Madrid, cuyo hueco acabaría dando forma a la plaza de Alonso Martinez.

La Real Fábrica de Telares tiene capacidad para restaurar y reparar cualquier tejido

Cambió la localización pero no el arte. Teniendo a artistas como Goya encargados de hacer los cartones con los diseños para su posterior conversión en tapices, la Real Fábrica alcanzó un grado de excelencia y brillantez. Obras que acabaron decorando el Palacio de El Pardo, San Lorenzo de El Escorial, Aranjuez o el Palacio Real de Madrid. Escenas cotidianas, costumbristas, llenas de color.

Tanto para la creación como para las labores de restauración hay un departamento que se dedica a teñir los tejidos para alcanzar el color exacto requerido

¿Y a día de hoy? ¿Que lugar ocupa? Después de años y décadas de vaivenes la Real Fábrica de Tapices está hoy declarada como Bien de Interés Cultural y Patrimonio Histórico esta constituida como una fundación pero se mantiene con vida y sus órganos son casi los mismos. Sorprenden los enormes telares de madera que han visto pasar generaciones de artesanos y que siguen sujetando hilos, lanas y sedas bajo el manejo suave y paciente de los tapiceros.

Colocando enormes tapices para poder ser examinados y restaurados

Pero bajo ese manto histórico también hay una pátina de modernidad que sorprende al visitante. Basta con ver el nuevo taller aledaño (dentro del mismo complejo) para poder ver la enorme estructura de 11×6 metros atravesada por un puente hidraúlico motorizado que sirve de plataforma de trabajo. que permite hacer un lavado por inmersión controlada en soluciones de agua desmineralizada y desionizada de las piezas de mayor tamaño, con estudios y monitorización en tiempo real de ph, temperatura y turbidez.

El segundo taller visto desde la el puente hidráulico y móvil con la estructura de lavado en primer plano

La estructura de lavado y el puente hidráulico y móvil que lo atraviesa y que sirve de plataforma de trabajo

Podría pensarse que la Real Fábrica ha quedado relegada a tareas de restauración y mantenimiento pero lo cierto es que a esas labores siguen produciendo tapices y alfombras, todas echas de manera tradicional, anudando y anudando, con exquisita paciencia (un artesano tarda alrededor de una semana en hacer un metro cuadrado de alfombra). Se sigue utilizando el dibujo tradicional para los diseños pero también nuevas tecnologías para diseños más modernos y para añadir variedad en las propuestas.

La sección del taller correspondiente a alfombras donde se pueden apreciar algunos de los diseños más modernos

Vista general del taller tradicional de tapices

A pesar de ser una fábrica si que disponen de una bonita y selecta colección de tapices que adornan pasillos y la espectacular sala Teniers, pero obviamente el valor más importante está en los talleres y en admirar el cuidado trabajo de los maestros artesanos. Sin lugar a dudas una visita tremendamente interesante que te hará descubrir el enorme trabajo que hay detrás de estas obras de arte y verlas con otros ojos. Recordad, si quereis pasar a visitarla que deberíais hacerlo con cita previa.

Solo puedo agradecer al personal de la Real Fábrica de Tapices que me permitieran el acceso y poder estar haciendo fotos de todo este proceso, asi que espero que os haya resultado interesante. Pero como bonus os dejo unas fotos de una de las sesiones más locas que he podido hacer de fotos, donde acabé haciendo fotos a Chenoa y a Jesulín de Ubrique actuando como si fueran parte del cuadro de La vendimia de Goya en tan maravilloso escenario. Sorpresas que te da la vida.

Más información: Real Fábrica de Tapices

La entrada Visitando la Real Fábrica de Tapices se publicó primero en Crónicas de una cámara.



domingo, 9 de enero de 2022

Anhelos de Otoño

En 2020 no hubo Otoño.
Miento.
El Otoño existió pero yo apenas lo viví.
En 2020 no tuve Otoño.
Mejor.

El 2020 había llegado y de su mano una pandemia que nos dejó a todos encerrados, viendo los días y las estaciones pasar por delante de nuestras ventanas. El año que vivimos en una pausa. 2021 nos ha enseñado a, de alguna manera, aprender a vivir con un virus que llegó para quedarse y hemos ido adaptándo nuestra vida a su alrededor hasta el punto de asumirlo y en ocasiones casi olvidarlo. Volver a salir con la cámara a fotografiar el cambio de estación no era solo una justificación para hacer fotos sino también la excusa para volver a maravillarme con los colores y sentirme vivo, feliz. Hay pocas cosas que me animen más que hacer fotos aunque muchas veces, muchas acaben condenadas sin juicio previo a permanecer en el fondo de un oscuro y gélido disco duro. Pero necesitaba esa diversión única de buscar la luz, atravesar bosques entre ocres, naranjas y caminar con los pies enterrados en hojas.

No lo había planeado con demasiado cuidado. Siento un especial placer en la improvisación. En poder reajustar cada día a lo que me apetece y a las variables del tiempo, del clima y la distancia pero en esta ocasión lo llevé al extremo y a sus últimas consecuencias porque decidí con tan solo unas horas que me iba a buscar rastros y restos del Otoño allá donde estuvieran. Hubiera estado mejor haberlo pensado con un poco más de cabeza, lo justo para poder aderezarlo luego ligeramente con esa especia de la improvisación, pero la vida es lo que sucede mientras otros planes y el Otoño llega cuando lo estima conveniente, sin hacer caso de previos ni históricos. En resumen: El cambio se había adelantado casi un mes y para cuando quise darme cuenta se había convertido en una carrera contrarreloj por buscar y descubrir nuevos rincones donde las hojas moribundas aún aguantaran en las ramas.

Quizás por eso, visto ahora con perspectiva, la ruta que hice no tenga ninguna lógica. No se la busquen. Tampoco la tuvo en su momento, en esa huida hacia adelante que supusieron esos días esquivando lluvias y buscando hayedos y buen tiempo. Fue, debo confesar, tremendamente divertido y a pesar de todo creo que fui capaz de traerme algunos momentos maravillosos. El Otoño de 2021, aunque caótico, no se me escapó.

La ruta comenzó en la provincia de León, recorriendo algunos puntos alrededor del Valle de Valdeteja y visitando hayedos como el de Canseco o el de Ciñera. Pasé después unos días en compañía de mi amigo David de la Iglesia por el País Vasco y me descubrió algunos de sus rincones infinitos como Belaustegui, Otzarreta ouOpakua. Desde hace años siempre he querido ver en condiciones el cambio de hoja en los viñedos por lo que acercarse a la Rioja y la Rioja Alavesa, en los alrededores de la Guardia aprovechando una ventanita de buen tiempo se convirtió en un plan perfecto y concluí el recorrido de la misma manera, admirando el cambio de hoja de las vides, solo que está vez visitando los viñedos de la Ribeira Sacra de la mano del bueno de Alberto Ribas, una deuda que tenía por saldar desde que hace años visitase sus gargantas del Miño y del Sil y me quedase absolutamente enamorado de sus paisajes.

Como ven León, País Vasco, Rioja, Galicia. Basta abrir un mapa de España para escandalizar a todo aquel que busque optimizar rutas. Dejarse llevar también tiene sus ingredientes de magia. Sirva este post como aperitivo de esos días caóticos, donde iré desgranando los sitios, porque hay fotos que no merecen quedarse en el disco duro y porque aunque no recomendaría la ruta a nadie tal y como se fue concibiendo, si estoy seguro que habrá un montón de sitios e ideas que si no conocíais os acabarán encantando. Pero sobre todo que sirva como aviso no solo para el Otoño de 2022, sino para este nuevo año en si. Voy a por ti. Nunca más dejarlo escapar.

Feliz 2022 a todos.

La entrada Anhelos de Otoño se publicó primero en Crónicas de una cámara.