lunes, 11 de enero de 2021

Filomena: Crónica de un temporal que congeló Madrid

Filomena: Crónica de un temporal que congeló Madrid es un post de Ignacio en Crónicas de una cámara.

No es fácil congelar Madrid. No es fácil detener la inercia de una ciudad acostumbrada a vivir a altas revoluciones, en el traqueteo de las prisas, en el afán constante de estar en otro lado. No es sencillo enfriar esas calles donde siempre quedan las ascuas de los bares, los comercios y el calor residual de los encuentros. Suena imposible silenciar al gigante que respira con motores a lo largo de sus arterias. Por eso cuando llegó Filomena y en menos de veinticuatro horas había dejado a Madrid congelada, detenida y enmudecida los madrileños salimos a la calle en medio de una incertidumbre generalizada, sin saber muy bien que había pasado, caminando por mitad de carreteras abandonadas, rompiendo normas que habían dejado de tener sentido, descubriendo una ciudad distinta, ajena a nosotros y con la curiosidad y el deseo de conocerla de nuevo.

Todo comenzó un par de días antes cuando los pronósticos certificaron sus predicciones. La nieve llegaba, tímidamente, a Madrid. La veíamos caer desde las ventanas con cierto escepticismo, incapaces de creer en sus posibilidades de supervivencia, pero Filomena, la tormenta perfecta, el temporal opulento, llegaba con la clara voluntad de desafiar a cualquier intento de clasificarla como efímera.

Durante dos días los copos cayeron mezclados con lluvia fría que fue enfriando el ambiente, heraldos de lo que estaba por llegar. Incapaces de asegurar el futuro, muchos ya salimos a las calles para ver de primera mano, cámara en mano, como los copos constantes adornaban el cielo de Madrid. Estos primeros mensajeros gélidos se refugiaron en los tejados, los prados y los árboles, se empezaron a hacer fuertes en la tierra y los jardines, fueron una avanzadilla que se preparaba meticulosamente para conquistar el siempre latente asfalto dos días después.

Los madrileños podremos tener mucha pegas pero no se nos podrá recriminar que necesitemos de mucho para ser felices. En ese primer día cuando la nieve apenas cuajaba en algunos puntos y tan solo con un par de centímetros de grosor, el ambiente de la ciudad ya respiraba distinto y pocos eran quienes querían perdérselo. Los niños salían corriendo a la cosecha de munición para las primeras bolas, para esos protohombres de nieve que apenas se alzaban unos palmos del suelo. Los perros corrían alegres, haciendo partícipes a sus dueños, enloquecidos sobre un suelo que empezaba a crujir con esa delicadez que solo puede tener la nieve.

Quien más quien menos salió a inmortalizar ese momento, no fuera a ser que después llegaran las lluvias, subiera ligeramente la temperatura y la magia, ese momento inesperado de ver Madrid con un poquito de nieve, desapareciera para siempre. La obviedad de descubrir la estrategia de los copos de acumularse en los parques, despreciando al hormigón por la agradable compañía de las ramas, nos fue llevando a todos paso a paso, hechizados, como siguiendo una melodía inaudible de un flautista de Hamelín de hielo, hacia los jardines, armiñados, recién maquillado con una sutil capa de pálida belleza.

El Retiro había vestido a todos sus árboles para la ocasión y hasta las palmeras formaban parte de este mosaico de piezas níveas, sacadas de una fábula. Entre estos paisajes de cuento, a los que ni el diablo se podía resistir, el Palacio de Cristal ponía en valor su fragilidad de vidrio entre delicadas ramas blancas para coronarse como centro de Fantasía, sala del trono de la Emperatriz Infantil. No estábamos preparados para ese nivel de magnetismo e incapaces de apartar la mirada éramos muchos quienes por ese día ya dejamos de buscar. Nos limitamos a quedarnos allí, mirando el día desaparecer, cautivados, prisioneros voluntarios del ocaso.

El día siguiente amaneció ya con tejados nevados, vaticinio de la invasión inminente. Pero todo era tan ligero, el asedio tan educado, que costaba llegar a creérselo. Durante el día el asalto pareció perdido. Los copos dejaron paso al agua, llegaron las lluvias y con ellas el otoño de las nieves de las ramas. El invasor repelido. Madrid no se pararía, los motores seguirían rugiendo, no habría lugar para el silencio. El orden establecido prevalecería.

El sueño se había terminado.

El cuento había pasado su última página.

Qué equivocado estaba.

Con la despedida del segundo día comenzó la embestida, y aprovechándose de los confiados ánimos, comenzaron a caer los copos con vigor, sobre una ciudad tibia tras dos jornadas de frío. Llegó Filomena en todo su esplendor y lo hizo con tal fuerza que no pudimos hacer otra cosa que dejarnos arrasar. Se detuvieron los coches, se le cristalizó el alma a Madrid y la gente se olvidó de su vida anterior, de quienes habían sido hasta ese momento. Dejaron lo que estaban haciendo y salieron a encontrarse con la magia de un paisaje distinto, repletos de tímida alegría.

Nos acercamos al frío con curiosidad hasta que lo entendimos como un obsequio y entonces el arrebato fue tan natural que costaba imaginarse el mundo de otra manera que no fuera con risas. Se sucedieron los muñecos, los ángeles, las guerras de bolas y superado el desconcierto inicial hubo quien saco esquíes, trineos y huskies en una espiral de surrealismo feliz que no parecía tener fin.

Mientras tanto seguía nevando.

Seguiría haciéndolo durante la noche y gran parte del día siguiente. Emocionado por la posibilidad de imaginarme un Madrid cubierto de nieve, enterradas las pisadas de los juegos de la noche, me fui a dormir para despertarme apenas unas horas después. Eran las seis y media de la madrugada y fuera la nieve se agolpaba contra la ventana. Mientras, el cielo seguía descargando nieve y viento. Era el momento de salir a la oscuridad a encontrarme con una ciudad que había claudicado ante el temporal.

Los pies se me hundieron cuando pisé mi calle. Rompía la nieve a cada paso mientras avanzaba hacia el centro histórico de la ciudad. Las calles de Madrid estaban sumidas en un silencio sepulcral, paralizadas por centímetros de inabarcable blancura. Me abrí paso lentamente, miembro fantasma de la compañía del anillo atravesando el paso Caradhras hasta alcanzar la Gran Vía, abandonada a su suerte ante la intemperie.

Llegar a la Plaza de Oriente me costó mucho más tiempo de lo esperable. El caminar era lento, la ventisca enorme, y la visibilidad nula a media distancia. Algunos árboles incapaces de soportar el peso que la nieve había puesto sobre sus ramas, yacían en mitad de la calle, quebrados, muertos con un estruendo acallado por la noche, cadáveres sobre coches.

Me costó reconocer dónde estaba hasta que me encontré casi por casualidad con las estatuas de los Reyes Godos, vigilantes silenciosos de un jardín desaparecido, inexistente. Entonces si, aparecieron las formas, las luces, las farolas y el edifico de la Ópera, enfrentado al Palacio Real, sobrepasados por un paisaje yermo, distópico, una suerte de imaginación de películas sobre el fin del mundo que por una vez tenían lugar en Madrid.

Empezaban a aparecer más curiosos a cuentagotas, salidos de entre la nada más absoluta, vagando como yo, sin rumbo, superados por el escenario. El viento se colaba por las entradas de la Plaza Mayor, arrastrando copos, creando remolinos que te golpeaban por todas partes. Lucía fascinante, irreal bajo el manto albino. Era casi imposible hacer fotos sin que la nieve se apropiara de la lente, que yo limpiaba continuamente, en una afán absurdo de mantenerla a salvo. El paraguas que había llevado para intentar ayudarme en la cobertura hacía tiempo que había muerto en su batalla contra el vendaval, pero sus restos hacían lo que podían para mantener la cellisca a raya.

Allí me encontró el amanecer, que avisó tan solo con un tenue azul, incapaz de atravesar de ninguna otra manera el temporal. Fue aclarando el día hasta que en la Puerta el Sol terminó de alcanzar su máximo punto, a media luz, y las farolas, esas pequeñas luciérnagas que como faros habían mantenido el rumbo para nadie durante la noche, se apagaron y se dejaron descansar.

Los supervivientes del día del mañana, nos empezamos a encontrar, envueltos en ropas, en ponchos, en capas de agua, en plásticos, sorprendidos de no ser los únicos, de que aún quedaran más seres vivos sobre las faz de la Tierra. Los edificios se desdibujaban, se difuminaban, aparecían intermitentemente bajo los copos. Caminábamos por mitad de carreteras vacías, como si después de un largo peregrinaje hubiéramos encontrado restos de una civilización ancestral.

Nunca había estado tan cerca de la Cibeles, que lucía más blanca que nunca, pues su proximidad había sido hasta entonces privilegio único de los coches, extintos en ese día fugaz en que reclamamos la ciudad para nosotros. Empezó a llegar más y más gente, comenzaron a aparecer esos primeros esquiadores que durante el día acabarían utilizando el metro como remonte entre Atocha y Plaza de Castilla. La gente sorprendida por lo que veía sonreía sin parar, hablábamos unos con otros, rompiendo la barrera entre desconocidos que tantas veces nos ha impuesto Madrid. Un chico rodaba por el suelo y mirando al cielo gritaba: “Que día más bello”.

Compartimos la explosión de alegría, nos permitimos por unas horas olvidarnos de los últimos meses horribles y no concedimos a la pandemia que nos ha quitado los abrazos, los besos y se ha llevado a algunos amigos que nos robara también esto. Nos dijeron que nos quedáramos en casa pero no pudimos, incapaces, sobrepasados por un regalo que necesitábamos aprovechar.

A media mañana, calado ya hasta los huesos, con la cámara chorreando agua e incapaz de enfocar, volví a casa para recuperar calor y baterías hasta el dudoso atardecer. Yo había disfrutado mi trocito de tiempo con esta improbable ciudad pasajera y ahora le tocaba a otros aprovechar bien el suyo, encontrarse con este momento único.

Quizás contado así, pueda parecer inocente, incluso egoísta. Filomena ha dejado el centro del país paralizado e incomunicado: camiones atrapados, aeropuertos cerrados, médicos que han tenido que caminar decenas de kilómetros para llegar a sus hospitales, falta de suministros, dificultades para acceder a medicinas, árboles rotos, coches reventados y abandonados, destrozos que aún no podemos imaginarnos ni contabilizar, gente aislada y en situación de emergencia. Ni soy, ni somos ajenos a todo eso, pero para los que pudimos permitirnos un paréntesis, fue una experiencia mágica.

Desconozco si volveremos a vernos en una situación así. La estadística y los datos nos dicen lo contrario. Pero aunque se repita siempre habrá algo especial en esta primera vez, en que todo fue nuevo, todo fue sorpresa, donde no sabíamos que teníamos que hacer y sin embargo hicimos lo que mejor sabíamos: vivirlo.

Madrid, del 7 al 10 de Enero de 2021.

Filomena: Crónica de un temporal que congeló Madrid es un post de Ignacio en Crónicas de una cámara.



domingo, 3 de enero de 2021

Mis mejores lecturas de 2020

Mis mejores lecturas de 2020 es un post de Ignacio en Crónicas de una cámara.

2020 se acabó y con el se nos fue un año horrible, en donde entre otras muchas cosas, hemos tenido que aprender a pasar mucho tiempo confinados. Si se le puede encontrar algo positivo a esta reclusión involuntaria ha sido, quizás, el de tener tiempo para algunas cosas que de otras manera siempre acaban cayéndose de la lista, como por ejemplo el goce de leer. Goodreads asegura que este año he leído 26,597 páginas en 105 lecturas. Gran culpa de estos números los tienen los cómics (no nos avergoncemos de llamarlos así, las novelas gráficas también son cómics) una afición que tenía algo olvidada y que he retomado con fuerza en este año en que también he recuperado el manga, al que hacía años que no me acercaba (sabiamente porque se ha convertido en una tremenda adicción). Estoy por lo tanto, más que satisfecho con las horas empleadas como lector y si en otros años anteriores apenas me acerqué a un cómic este me he dado un buen atracón a cambio de sacrificar páginas de los libros. Espero alcanzar el equilibrio entre ambos en este 2021, pero independientemente de por donde me lleven los autores, leer sigue siendo una de las mejores cosas en las que emplear el tiempo.

No esta esta pequeña lista hecha con ningún tipo de prioridad, salvo la de compartir las páginas que mejore momentos me han regalado asi que aquí os dejo mis 10 mejores lecturas de ese pasado 2020 y cinco menciones de honor. Curiosamente la mayoría son obras cuya publicación es anterior a los últimos doce meses, pero ya saben ustedes que las obras aparecen en tu vida cuando corresponde y como las varitas de los magos son ellas las que te eligen a ti. 😉

Mis mejores lecturas de 2020

1) Akira – Katsuhiro Otomo

Comenzamos con un gran clásico que convirtió este mundo, el del manga japonés, en un fenómeno mundial. Hacía años que no me adentraba en sus páginas (Esta ha sido la tercera vez que lo leo) y sinceramente podría terminar de pasar la última y volver a empezar directamente en el primer tomo y seguiría disfrutándolo igual. El clásico de Otomo lo tiene todo, una gran historia, un dibujo exquisito y un ritmo endiablado que hace que enfrentarse a sus 2.000 páginas sea mucho menos arduo de lo que pudiera parecer. Ese Neo-Tokio devastado, la moto rojo de Kaneda, el magnetismo de Tetsuo y un trasfondo de filosofía sobre la vida y la evolución que te atrapan sin remedio.

La historia de la edición de Akira en España también tiene su miga. Llegó a rebufo del anime que revolucionó el mundo en 1990, pero no lo hizo a partir del material original sino a partir de la tradución inglesa, es decir, se tradujo sobre la traducción. También llegó con las viñetas volteadas, para que la lectura pudiera hacerse en el sentido europeo en lugar del japonés. Esto a día de hoy se considera una aberración, ya que es como ver el cómic en un espejo, las composiciones cambian (y los personajes son todos zurdos) y las obras llegan en su formato original y orden de lectura japonés (es decir, de derecha a izquierda).

Los mangas se publican en su mayoría en blanco y negro y Akira no fue una excepción, pero para adaptarse al mercado americano se le encargó al artista Steve Oliff que lo coloreara, en un trabajo revolucionario en el uso del coloreado por ordenador. Esta es la versión que se puede encontrar actualmente, aunque traducida directamente del japonés (y con las onomatopeyas en inglés), pero el año pasado empezaron a publicarse los tomos su formato original, en blanco y negro y sin volteado de página. A lo largo de este año se completarán los seis tomos de la colección tal y como la concibió Otomo, asi que si no os habéis acercado a este gran clásico puede ser un gran momento para engancharse. Tenéis mucha más información de las ediciones en este artículo.

Más info:
Mi reseña de Akira en Goodreads
Akira en color (volteado) en Amazon: Volumen 1 | volumen 2 | Volumen 3 | Volumen 4 | Volumen 5 | Volumen 6
Akira en Blanco y Negro sin voltear en Amazon: Volumen 1 | Volumen 2 | Volumen 3 | El resto de tomos se irán publicando a lo largo de este 2021.

2) El Sheriff de Babilonia (Edición integral) – Tom King y Mitch Gerads

Tom King es un guionista que ha revolucionado el mundo del cómic. Sus planteamientos son muy originales, buscando perspectivas nuevas y aunque tiene obras maestras como Mr Milagro o su versión de la Visión (en la que se rumorea se basará la serie de WandaVisión que se estrena en las próximas semanas) otras no gozan de una crítica tan unánime. Sin embargo El Sheriff de Babilonia, su primer cómic, si entraría directo a sus selecto grupo de exquisiteces.

Pongámosla un poco en contexto: antes de dedicarse a escribir guiones de cómic, Tom King fue un agente de la CIA que trabajó en Irak en operaciones de contraterrorismo. Es a partir de su experiencia en Bagdad que él da su visión del conflicto en un país asfixiado y asfixiante donde se aprovechó el desorden y el caos para cometer auténticas aberraciones y donde al final, nadie parecía tener muy claro que sucedía y cual era su función en todo esto. Los lápices, las composiciones a partir de las rejillas de tres por tres y los colores terrosos y áridos de Mitch Gerards completan un volumen lleno de rabia, de frustración y de humanidad. Quizás una buena manera de acercarse al conflicto y de intentar entender lo inextensible.

Más info:
Mi reseña en GoodreadsEl Sheriff de Babilonia (Amazon).

3) Murder Falcon – Daniel Warren Johnson

Es imposible no estremecerse ante los lápices expresivos de Daniel Warren Johnson, ante su dinámica y movimiento. La obra, en un único volumen, es una declaración de amor al rock y al metal, a los riffs ruidosos e imposibles. Es un trabajo lleno de fantasía e imaginación en los que los altavoces con el volumen a tope mientras los dedos hacen solos vertiginosos son la única manera de enfrentarse a una fuerza de demonios invasores. Hay tanto de macarra como de metafórico y Daniel Warren Johnson sabe medir muy bien lo que hace para que se te encoja el corazón y te lleve en este viaje tan especial y existencial con sus personajes. Una propuesta descarada y sin embargo honesta, como solo puede serlo la buena música.

Más info: Mi reseña en Goodreads | Murder Falcon (Amazon) (de momento la edición en español está agotada, pero se supone que se reeditará a lo largo de este 2021).

4) La Cosa del Pantano – Alan Moore

Llevaba ya mucho tiempo debiéndome esta obra de Alan Moore. Confieso que de primeras no me llamaba demasiado la atención pero había dos cosas que la mantuvieron en la lista de lectura: la primera eran las excelentes críticas que ha obtenido está obra a lo largo de décadas. La segunda era la firme confianza en todo lo que hace Alan Moore. El genio que elevó el cómic de categoría siempre tiene algo importante que aportar, siempre tiene un derroche de imaginación que te deja exhausto. Viajar con Moore siempre, siempre, siempre merece la pena. Y aquí, cuando escribió sus números de la Cosa del Pantano tenía muchas sorpresas guardadas sobre la manga.

Se podría pensar que las historias que pueden contarse sobre un monstruo que vive en el pantano deberían enmarcarse en el terreno del misterio y del horror pero si esas son tus expectativas solo puedo envidiarte. Ni te imaginas por donde te va a llevar. Ni te imaginas cuantas barreras va a romper. Ni te imaginas lo que es capaz de hacer con una premisa tan simple. Nuestra relación con el mundo y nuestra interconexión con la naturaleza, la ciencia ficción, lo sobrenatural y una concepción desafiante del amor hacen de esta una obra compleja, llena de matices, imposible de abarcar en una sola lectura. La cosa te espera en las profundidades de la ciénaga, entre musgos, helechos, caimanes, ranas y grullas. Si te atreves a adentrarte en ella, las recompensas pueden ser enormes.

Más info: Mi reseña en Goodreads – La Cosa del Pantano (Amazon): Volumen 1 | Volumen 2 | Volumen 3

5) Promethea – Alan Moore

Si. De nuevo Alan Moore. Esta vez con una de sus obras mas personales, más místicas y quizás más desafiantes. Seré claro: Promethea no es una lectura sencilla, porque la abstracción sobre el propio proceso creativo nunca lo es. ¿De donde vienen las historias que alimentan las mentes de los creadores? ¿De donde sale las inspiración? ¿Donde están los límites de lo que somos? «Soy esa voz que queda cuando el libro ha terminado».

Al igual que los mejores artistas abstractos buscan donde esta la frontera en la que poder comunicarse con el espectador, Alan Moore busca donde está ese límite en los conceptos y las ideas. Trasladarlo a papel es una experiencia desbordante que solo un genio como J.H. Williams III puede plasmar, porque el reto de lo que se quiere contar es muy amplio y el medio, una hoja en blanco y un lápiz, podría parecer muy limitado, pero sin embargo es un arma de construcción masiva en manos de estos dos artistas. No será una obra para todo el mundo, pero si entras en su juego solo podrás maravillarte.

Más info: Mi reseña en Goodreads – Promethea (Amazon): Libro 1 | Libro 2 | Libro 3

6) Dinastía de X | Potencias de X – Jonathan Hickman, Pepe Larraz, R.B. Silva

Un poquito de superheroismo pijamero. Durante gran parte de mi adolescencia, los cómics superheroicos se encargaron de mis horas libre (y de las menos libres). Eran los momentos de Batman, de Superman, de Spiderman, de Lobo y de la primera ola de Manga que llegaba para desbordarnos. Sin embargo mi foco siempre fueron los mutantes. La Patrulla X. Las historias de aceptación, de integración de minorías y de la lucha por la convivencia entre los diferentes. La Patrulla X siempre representó ese esfuerzo por un sueño imposible al que no había que renunciar. Al igual que con las minorías cada paso adelante era un conquista.

Sin embargo en sus décadas de historia la Patrulla X pasó por muchas manos y no siempre de manera digna. Para muchos lectores pasó a ser prescindible y en muchas ocasiones cayó en el olvido. Hasta ahora. Hasta que llegó el guionista Jonathan Hickman y lo cambió todo para darnos una de las mejores obras de ciencia ficción que he leído en mucho tiempo. Si no has leído nada de los mutantes puede ser un mundo un poco arduo en el que adentrarse, pero si tienes nociones básicas de quienes son Xavier, Magneto y sus planes antagónicos para el mundo, estas dos obras entrelazadas están aquí para plantearte un mundo nuevo, revolucionario, lleno de sorpresas, de misterio, de tensión y crear un trabajo maravilloso que ya es historia del cómic.

Mas info: Mi reseña en GoodreadsDinastía de X | Potencias de X (Amazón. De momento en inglés, aun no recopilado en tomo en España).

7) Ojo de Halcón – Matt Fraction y David Aja

Si el resto de obras que integran esta lista podrían pecar de un aire grandilocuente, esta es justamente lo contrario, caminando en terrenos mucho más íntimos y personales. También seré claro: Ojo de halcón nunca ha sido un personaje en con el que tuviera un mínimo de empatía, ni un mínimo de interés. Algo que comparto con el mundo de los Vengadores, con los que apenas he compartido páginas. Sin embargo la propuesta es muy interesante: ¿Que es lo que hace Ojo de Halcón cuando no está con los Vengadores? A partir de esta premisa Fraction construye una historia en la que el mundo no está en peligro, no hay una bomba a punto de destruir Manhattan, ni una invasión de alienígenas que amenace con desestabilizar la realidad tal y como la concemos. No hay nada de eso. Solo una banda de matones, ramas de primer organizado, unos vecinos y un Ojo de Halcón en horas bajas intentando sobrevivir. Parece una premisa sencilla y simple, y lo es asi que ¿que la hace tan especial? David Ajá. El dibujante vallisoletano de trazo sencillo se inventa nuevas maneras de utilizar el medio, de utilizar papel y lápiz. Y este ejercicio es pura magia, pura solidez narrativa, puro carisma y pura sorpresa. Y conseguir eso hoy en día, después de tantas décadas de cómics no es nada sencillo. Llegar a la sencillez solo se puede hacer a través de un concienzudo trabajo de refinamiento.

Más info: Mi reseña en GoodreadsOjo de Halcón (Amazon)

8) I am a hero – Kengo Hanazawa

Si llevaba tiempo alejado del mundo del manga era precisamente para evitar cosas como esta. La adición más absoluta.

Bueno, y es que además tiene zombies.

Las historias de zombies siempre son las mejores, siempre ponen a los personajes en situaciones donde la supervivencia personal supera la ética y la moral y de aquí solo pueden salir un montón de dilemas. Y hay pocas cosas que nos atrapen más como lectores que los dilemas. Pero I am Hero tiene muchas otras características que lo hacen especial, el primero es que está contado desde un punto de vista de la sociedad japonesa, cosa que sirve a la vez de detonante y de crítica. La manera de ser japonesa, tan pulcra a la hora de cumplir las normas, tan alejada del individualismo por el bien del funcionamiento de una sociedad puede ser la que mas sufra en las transgresiones de las normas por la propia supervivencia. Esto hace la obra muy interesante de leer, pero Hanazawa tiene muchos muchos más aliciente y recursos como su excelente dibujo con la expresividad de unos personajes donde eres capaz de percibir sus miedos, sus dudas, sus alegrías, sus anhelos, sus suspiros. Los personajes de Hanazawa no buscan el aplauso del lector, son ruines, zafios, cobardes, incompetentes, son en definitiva, tremendamente humanos. Hanazawa realiza además, en el apartado gráfico, una labor de documentación brutal donde mezcla los dibujos de los fondos con fotografías para darle una tangibilidad tremenda a las páginas. Quizás se le pueda achacar algo de descontrol en el final de la obra, pero a pesar de las críticas que han acompañado a sus episodio final, yo lo defiendo. El viaje del héroe está ahi aunque quizás no de la manera que quisiéramos que fuera.

Más info: Mi reseña en GoodreadsTomo 1 (Amazon) Os dejo solo en enlace al primero de los 22 tomos que componen la colección. Parecen muchos, pero os sabrá a poco.

9) Cien años de Soledad – Gabriel García Marquez (Edición conmemorativa 50 Aniversario. Ilustrada por Luisa Rivera)

Ya lo sé. Ya lo sé. Incluir Cien Años de Soledad en la lista de los mejores siempre es una opinión sin riesgo, una obviedad. Sin embargo en honor a la verdad aunque ya lo leí en su momento como una de las lecturas obligatorias del Instituto, volver al mundo de Macondo veinte años después ha supuesto un deleite para los sentidos. Pocas veces he deseado tanto que las paginas siguieran, pocas veces he temido tanto el vértigo de sentir que el libro se acaba, la desolación de la última página. Porque Cien Años de Soledad es la precisión, es un uso del lenguaje en el que quedarse a vivir.

Hay que darle crédito a la magnífica edición que con las ilustraciones de Luisa Rivera hizo que me animara a releerlo tantos años después. En este formato es una obra que da gusto tener en las estanterías, un plus innecesario para una obra maestra, pero que sin embargo la convirtió en irresistible. Si veinte años más tarde los Buendía me han dicho cosas muy distintas a las que me dijeron cuando yo no llegaba a la veintena, no quiero ni imaginarme que tendrán que contarme dentro de otros veinte años. Ojalá lo pueda volver a vivir con la misma intensidad, ojalá las palabras me atraviesen con el mismo impacto.

Más info: Mi reseña en GoodreadsCien Años de soledad. Edición Ilustrada por Luisa Rivera (Amazon)

10) La historia Interminable – Michael Ende

No me escondo. A mis años, ya con un montón de arrugas y canas no me había leído nunca este clásico que tenía que haber ocupado memoria en mi infancia y juventud. Nunca es tarde para descubrir esta oda a la lectura, a los libros y a esos mundos a los que nos llevan. Lo empecé con cierta curiosidad, sin demasiado ánimo, pero al igual que a Bastián en el momento que lo comencé ya no quise hacer otra cosa más. Me atrapó Fantasía, me atrapó la imaginación sin fin del genio de Ende. Quizás llegue tarde, pero cuando lo hizo me arrolló, me devolvió a la época de lectura entre mantas mientras fuera los días pasaban sin que a mi me importara lo más mínimo.

Más info: Mi reseña en GoodreadsLa Historia Interminable (Amazon)

Menciones de honor:

Vale, no todas las lecturas han tenido el mismo impacto, ni me han llegado de la misma manera, pero hay unas pocas que merecen su huequito en esta review anual porque se han quedado a las puertas y son desde luego muy reseñables y disfrutables.

1) Mal de altura – John Krakauer

Desde que en 1953 Hillary y Tenzing alcanzaron la cima del Everest, muchos son los que han anhelado hacer cumbre en el pico más alto del mundo. Entre ellos muchos que asumen que es una experiencia que se puede comprar con dinero. Subir al Everest se fue convirtiendo en un negocio que llego a sus más trágicas consecuencias en 1996. John Krakauer, un periodista especializado en alpinismo estaba en ese grupo y este libro es su memoria y análisis del desastre al mismo tiempo que cuenta la historia de superación que fue conquistar el Everest y su evolución hacia el turismo de masas.

Más info: Mi reseña en GoodreadsMal de Altura (Amazon)

2) Atelier of Witch Hat – Kamome Shirahama

Vale. Esto es una apuesta de futuro. Pero apunten este nombre y esta obra aún en desarrollo porque o mucho se tuercen mis predicciones o podemos estar ante un fenómeno global al mismo nivel que Harry Potter (me estoy viniendo muy arriba, lo sé), pero este mundo fantástico aún en expansión, donde los hechizos se dibujan tiene todos los ingredientes para no dejar de ser delicioso nunca. Un dibujo que roza la perfección, unos personajes carismáticos y un universo riquísimo. El único problema, que aun no se ha terminado y que tardará unos años en hacerlo, pero somos muchos los que ya estamos esperando con ansias desmedidas cada tomo que va saliendo.

Además, la editorial Miky Way ha sido todo un descubrimiento con un montón de obras de Manga en ediciones supercuidadas. No dejes de pasaros por su web a cotillear.

Más info: Mi review en GoodreadsAtelier of Witch Hat Tomo 1 (Amazon) | Tomo 2 | Tomo 3 | Tomo 4 | Tomo 5 | Tomo 6 | Más a lo largo de este 2021

3) Ordesa – Manuel Vilas

Probablemente uno de los libros más tristes que haya leído. Apasionante en algunos tramos, desesperante en otros. Da igual. Es un ejercicio de desnudez ante el lector tan bestia y tan salvaje que te acaba dejando posos, tantos que no te lo puedes quitar de encima en mucho tiempo.

Más info: Mi reseña en GoodreadsOrdesa (Amazon)

4) Cara de Pan – Sara Mesa

A pesar de que ya me la habían recomendado con anterioridad, este es el primer libro de Sara Mesa que cae en mis manos. Una situación aparentemente simple como el encuentro fortuito de una niña y un anciano en un parque le sirve para situarnos en lo que creemos son los límites de lo moralmente aceptable aunque la realidad puede ser algo distinto. Los grises y los prejuicios son su terreno de juego en una obra que me ha dejado francamente sorprendido.

Más info: Mi reseña en GoodreadsCara de Pan (Amazon)

5) La dependienta – Sayaka Murata

¿Es difícil ser diferente? Quizás en algunas sociedades más que en otras. Sayaka cuenta aquí la historia de una dependienta de una tienda de 24 horas en Japón, una sociedad rígida en sus planteamientos sociales donde las apariencias son más importantes que todo lo demás. Es una historia aparentemente sencilla que sin embargo cuenta mucho más con lo que no dice, con lo que sentimos como asfixia de la máscara impuesta.

Más info: Mi reseña en GoodreadsLa dependienta (Amazon)

 

 

Estas han sido algunas de las obras (Libro y cómic) que más he disfrutado en este pasado 2020. Tengo una pila de lectura que tiende a infinito asi que espero que entre todas ellas me llegue este 2021 otro montón de momentos maravillosos en los que sumergirme. Si tenéis recomendaciones no dudéis en dejármela en comentarios. ¿Cuales han sido vuestras lecturas favoritas de este 2020?

¡Feliz año nuevo y felices lecturas a todos!

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Mis mejores lecturas de 2020 es un post de Ignacio en Crónicas de una cámara.