miércoles, 8 de abril de 2020

Anillo Integral de Picos de Europa – Etapa 6: Refugio la Terenosa – Casetón de Ándara

Anillo Integral de Picos de Europa – Etapa 6: Refugio la Terenosa – Casetón de Ándara es un post de Ignacio en Crónicas de una cámara.

Refugio de la Terenosa – Casetón de Ándara

Distancia: 13,1 km.
Desnivel Positivo: 837 m.
Desnivel Negativo: 447 m.
Duración: 6 horas.

Descargar Ruta GPX (Wikiloc)

13 de Julio de 2019

El refugio de la Terenosa se levantaba antes de que hubiera aparecido el sol. Un grupo de montañeros que habían parado a hacer noche querían hacer cumbre en Torre Cerredo y descender en el mismo día y habían pedido desayunar lo antes posible. El resto de excursionistas del pequeño refugio de La Terenosa, otro señor y yo, habíamos aceptado unirnos a el desayuno a primera hora para hacer más sencilla la gestión de desayunos en la cocina del refugio.

Así que comencé a caminar con las primeras luces del sol. Tampoco había madrugado esa mañana para ver el amanecer en un intento de seguir descansando y recuperar la rodilla lo máximo posible. El resto del cuerpo se había recuperado sorprendentemente bien después de la etapa algo más calmada del día anterior y esperaba terminar de mejorar en la etapa de hoy. Jornada que al menos discurría por buenos senderos y caminos alejados de las rocas. El plan era terminar de atravesar el Macizo de los Urrieles hacia el este y una vez allí, en Sotres comenzar la subida al Macizo Oriental o de Ándara, el último que me faltaba por pisar.

 

(El parking desde el collado de Pandébano, al fondo se intuye Sotres) 

La mañana era fresca, soleada y agradable de caminar, con una primera parte de bajada una vez se atravesaba el collado de Pandébano, cruzando un sencillo parking (el más cercano para todo aquel que quiera acercarse al Picu Urriellu) antes de lazarse al vacío en una carretera zigzageante que descendía a toda velocidad hasta llegar a los Invernales del Cabao, una serie de refugios construidos por pastores para protegerse del frío y guardar en ganado en las épocas invernales. Me puedo imaginar que quien haga el recorrido en sentido contrario no olvidará con fácilidad esa subida. Supongo que por eso muchos optan por acercarse con el coche hasta el parking aunque sea desde Sotres.

(Las puertas del campo) 

(La bajada hasta los Invernales de Cabao)

Todo lo que bajé hasta encontrarme con el río Duje me tocaba ahora subirlo de nuevo hasta Sotres. La subida castigaba algo menos pero no por ello era menos desdeñable. Culminé la subida a buen ritmo a pesar de todo y llegué al pueblo. A la civilización. Era el primer pueblo que pisaba desde que salí de Posada de Valdeón y se me hacía extraño cambiar roca salvaje por la domada de las calles. Era, eso sí, la oportunidad perfecta para el lujo: sentarme tranquilamente al sol, hacer la parada correspondiente y aprovechar para un segundo desayuno con un café caliente.

(Los Invernales de Cabao)

(Sotres al final de la cuesta) 

Sotres es un pequeño pueblo que presume de ser, a sus 1050 metros, el más alto de Asturias. Ronda el centenar de habitantes y en verano tiene en el turismo una gran fuente de ingresos, especialmente en hostelería y productos gastronómicos (queso de cabrales y de gamonedo o embutidos, entre otros). Lamentablemente me quedé con las ganas. No estaba la mochila, ni mi cuerpo serrano, para añadir más peso. Debía conformarme con el café. Me parecía justo.

(Sotres, que no tenía muy claro si salir de la niebla o no)

(Sotres)

Se acabaron los descansos. A partir de aquí el camino comenzaba a elevarse sin piedad, primero por una carretera asfaltada y luego por un bosque donde se perdía y desaparecía intermintentemente. Era una subida cansada (o quizás  empezaban a pesarme los kilómetros y los días en los pies) y Sotres cada vez se veía más abajo, más al fondo del valle. Alcanzaba así el Collado de Fuente Soles y me despedía de las vistas del Macizo Central. Entrada ya definitivamente en el Macizo de Ándara.

(La subida hacia el Collado de Fuente Soles. Nótese al fondo el collado de Pandébano) 

(Despidiéndome de Sotres, alcanzando el Collado de Fuente Soles)

Era una sensación extraña, porque desde ahí, desde ese collado, ese principio del Macizo de Ándara no impresionaba tanto por sus dimensiones como por la sensación de lugar remoto, abandonado y olvidado. Había atravesado un collado pero había cruzado el mundo. Contribuían a esta sensación ignota la montaña silenciosa y las carreteras talladas en la piedra por donde no transitaba nadie.

(Peña Mancondiu al fondo, a sus pies aún no se podía ver, pero ahí anda el Casetón de Ándara)

(La senda ya caminada desde el Collado de Fuente Soles, al fondo).

Pero no siempre fue así. Ahora si, estaba abandonado y reconquistado por la montañ pero en esa parte del Macizo de Ándara había prosperado durante algo más un siglo el negocio de la minería. De ahí quedaban los caminos utilizados para transportar y bajar el pesado material en carros de animales, de ahí quedan restos de ríeles y vagonetas, vestigios de una época pasada. También quedaban algunos casetones, construidos como edificios auxiliares para ayudar a la explotación. Entre ellos y bajo la Pica de Mancondiu, el Casetón de Ándara, recuperado ahora como refugio de montaña.

(El casetón de Ándara)

Allí llegué, como un Clint Easwood extraviado. En el casetón solo estaba Pedro, su cuidador, que fue todo el alma viva con quien compartí ese día, reforzando la sensación de haber llegado al final de ninguna parte. El casetón era también bastante humilde como refugio, manteniendo unas letrinas separadas a un centenar de metros. Mi ducha se limitó de nuevo a una bolsa de plástico negra que calentó el agua de su interior con el sol antes de colgarla en una cornisa del refugio y tener un encuentro frugal con la higiene.

Completó la sensación de abandono la falta de cobertura. Allí con las chicharras sonando fuera degusté ración de queso de Cabrales con Pedro y me aislé en la lectura mientras fuera los caminos y las piedras eran castigadas por justicia con el sol. Si tenía un poco de suerte, el sol se pondría justo en el horizonte y podría verlo desde el propio refugio. Si tenía aún más suerte, se formaría un mar de nubes justo por debajo de donde estábamos que haría de cama para el atardecer.

Me pasé en la intensidad de los deseos y las nubes llegaron, si, pero en un ejercicio de inversión térmica se pasaron y nos inundaron, anegados de una niebla densa y profunda.

No habría atardecer para los hombres del far west de Ándara.

Más info: Consejos para organizar el trek del Anillo Integral de Picos de Europa | Refugio la Terenosa | Casetón de Ándara

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Anillo Integral de Picos de Europa – Etapa 6: Refugio la Terenosa – Casetón de Ándara es un post de Ignacio en Crónicas de una cámara.



martes, 7 de abril de 2020

Anillo Integral de Picos de Europa – Etapa 5: Jou de los Cabrones – Refugio la Terenosa

Anillo Integral de Picos de Europa – Etapa 5: Jou de los Cabrones – Refugio la Terenosa es un post de Ignacio en Crónicas de una cámara.

Refugio de Jou de los Cabrones – Refugio de la Terenosa.

Distancia: 13,2 km.
Desnivel Positivo: 238 m.
Desnivel Negativo: 932 m.
Duración: 6 horas.

Descarga Ruta GPX (Wikiloc)

(Perfil de la Etapa)

12 de Julio de 2019

Oí al refugio despertarse, pero esta vez fui yo el último en levantarme, incapaz de moverme. La noche había sido horrible y había dormido apenas nada. Estaba agotado de la etapa anterior y mi cuerpo solo pedía descanso pero una vez que me atrapaba el sueño y realizaba cualquier movimiento ya dormido me despertaba el dolor de unos músculos destrozados, de una rodilla que suplicaba clemencia y de unas piernas llenas de heridas. Mal asunto, Sam.

(El Pico de los Cabrones y las Agujas de los Cabrones desde el Refugio de Jou de los Cabrones) 

Desayuné ya solo. El resto de los pernoctantes ya se habían puesto en marcha y seguían su ruta hacia picos, valles y collados y yo apuraba el café, las magdalenas y las tostadas con el hambre del que había optado por ataúd a la cena. Preparé el equipo con calma, después de todo tenía una etapa no demasiado complicada. Desde el refugio me dieron gasas para proteger en interior desollado de mis piernas, me cambié los compeed y con toda la calma del mundo empecé a caminar.

(Mimetizado entre tanta piedra, el refugio de Jou de los Cabrones) 

(La subida hasta la Horcada Arenera) 

(El recorrido hasta la Corona del Rasu: abajo del Valle, para los que tengan la vista más aguda y lo sepan reconocer se ve el Refugio de la Terenosa y la carretera que lleva hasta el parking del collado de Pandébano)

La rodilla se erguía en portavoz de quejas de un cuerpo que no sabía que había hecho para merecer semejante dueño. Completé con calma y paciencia los primeros kilómetros de subida hasta la Horcada Arenera, desde donde el camino llanea un poco hasta alcanzar la Corona del Rasu. Era el momento de detenerse y disfrutar de la vista delante de mi, se elevaba uno de los más famosos gigantes del Picos de Europa, el Picu Urriellu o Naranjo de Bulnes (al que he llamado de demasiadas ocasiones Naranco, que es un monte de Oviedo). Aunque como dice la sabiduría popular quizás debería dejarme de lío y llamarlo siempre Picu Urriellu:

«Por qué me llamas Naranjo,


si yo naranjas no tengo: 


Llámame Picu Urriellu, 


que es mi nombre verdaderu».

 

(El Picu Urriellu y el refugio a sus pies) 

El refugio a sus pies se veía diminuto, como todo lo que tiene que ver con el hombre en estas montañas. A lo lejos, hacia el Noreste, ha aparecía para quién lo conociera (yo lo hago ahora con las fotos) el Refugio de la Terenosa, mi destino, y algo más lejos el collado de Pandébano, donde se encuentra otro de los Parkings que dan acceso al parque y que permite acercarse ida y vuelta en un mismo día hasta el Refugio Urriellu.

(La senda que ha de llevar hasta Collado Vallejo y la Terenosa) 

Pero no iba a ser tan sencillo llegar hasta él, tocaba atravesar la Brecha de los Cazadores. La definición de brecha le viene al pelo a esta herida abierta en la roca, este canal casi vertical que era el único acceso hacia la Vega de Urriellu. Allí había cadenas a las que amarrarse en una bajada de vértigo que desafortunadamente ya se ha cobrado alguna que otra víctima. La bajé con calma, sin prisa, usando las posaderas, que en ese día eran lo único que no estaba demasiado dañado y mantenía la dignidad.

(El camino tras salir de la Brecha de los Cazadores) 

Salvado este último escaño alcanzaba el Refugio de Urriellu. Buen momento para descansar las piernas, estirar y dar buena cuenta del bocata bajo la sombra del titán. El refugio estaba bastante animado y en su pradera se tumbaban unos cuantos excursionistas. Disfrutando de las vistas. En la entrada del refugio un guía hablaba con otro grupo de visitantes advirtiéndoles sobre el Parque. Agucé el oído mientras masticaba.

“La gente no se imagina lo jodido que es Picos”, decía. “La gente se confía con eso de que es Asturias, pero aquí apenas hay agua y como te pille un día de calor por arriba las pasas putas”. Era una advertencia directa y clara. Yo asentía para mis adentros. Si te contara, pensaba. Si yo te contara.

(A los pies del Picu Urriellu)

Mientras tanto, la gente sacaba prismáticos para observar la zona, reconocer picos y buscar en la pared vertical del Picu Urriellu a escaladores que se adherían a la pared como lagartos. Es uno de los picos más populares de escalada y normalmente los escaladores, saliendo del refugio lo completan en una jornada entera, aunque supongo que alguno se habrá tenido que quedar a dormir hay colgado.

(Valientes escalando el Picu)

Era el momento de la bajada. Me esperaban unas casi tres horas hasta alcanzar el Refugio de la Terenosa, cosa que no contaba con el aprobado de la rodilla, a quién el impacto de cada pasado en descenso le hacía ver las estrellas. Me ayudaba de los bastones (mis fieles compañeros en los trekkings desde hace mucho) y caminaba lo más tranquilo que la pendiente me permitía. Alcancé el Collado Vallejo y es un buen momento para girarse y ver el camino de descenso, apreciar la pendiente que me había de sacar de esas rocas que tan mala vida me habían dado.

(Vistas desde Collado Vallejo, mirando hacia el camino que ya llevaba recorrido. A la izquierda el Picu Urriellu, a la derecha el Neverón de Urriellu)


(Bulnes al fondo del Valle)

Desde allí, desde el Collado Vallejo se podía disfrutar de una imagen impresionante del Picu Urriellu así como del Neverón de Urriellu. El calor volvía a apretar, pero ya me quedaba una bajada mucho más suave hasta encontrarme con el refugio de la Terenosa. Mi destino final de la jornada.

(El refugio de la Terenosa, al fondo el Neverón de Urriellu y Los Albos a la derecha)

El refugio de la Terenosa es uno de los refugios más básicos (si no el más) de todo el recorrido. No tiene duchas y normalmente su único baño es un WC portatil químico de plástico que se encontraba averiado. Arrastraba aún el sudor y la sal de la jornada anterior y habría dado mi rodilla (la mala, claro) por una ducha de agua caliente, pero sin tenerla aproveche el pequeño chorro de la fuente, una cantimplora y me duché como buenamente pude sintiendo el alivio del agua aunque fría sobre mis músculos doloridos.

(Esquema del descenso de la etapa)

A cambio de la sobriedad espartana del refugio debería decir que en la Terenosa es de los refugios en los que mejor comí (y os aseguro que la comida en general en los refugios es bastante buena), así que ninguna queja por mi parte. Había llegado pronto, tenía una vista privilegiada de las montañas y una tarde de poco movimiento para intentar recuperarme lo máximo posible.

Pensaba aprovecharlo.

(Al fondo, Sotres. Se puede ver a la derecha y cuesta arriba el camino que me tocará tomar mañana)

Después de todo, ya había atravesado el ecuador del Anillo y eso, a pesar de todo era motivo de celebración. Confiaba en la recuperación mágica del descanso. Al día siguiente tocaría cambiar de Macizo y cruzar hasta el Casetón de Ándara.

Más info: Consejos para organizar el trek del Anillo Integral de Picos de Europa | Refugio Jou de los Cabrones | Refugio la Terenosa

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Anillo Integral de Picos de Europa – Etapa 5: Jou de los Cabrones – Refugio la Terenosa es un post de Ignacio en Crónicas de una cámara.